domingo, 17 de febrero de 2008

Por fin el viento cedió… Apunte 2


Porque vicente era un gato que podía quedarse pensativo mirando las cosas por largos ratos. Cuando estaba trabajando en la huerta, por ejemplo, de un momento a otro se quedaba mirando los cerros, los árboles, la caja de herramientas, las flores o las hojas, después iba a buscar su cuaderno y hacía dibujos. Tampoco era raro que se pusiera a mirar el aire delante suyo, porque el aire palpita o hace palpitar finas manchas de de energía, que caen como la lluvia o se expanden desde un centro, y a veces tienen colores.

No era un trabajador muy productivo, como se puede desprender, pero así como dios le da un don a cada uno, a él le había dado la tranquilidad, vista la cual un matrimonio adulto, la señora Carmen Berenjena y don Horacio Lobo , que vivían hace tiempo en Lanchas Rápidas, que era el pueblo de vicente, le propusieron que se fuera a vivir a una casa que ellos tenían en la franja, en la tierra de Mansilla, para que la cuidara, y para que plantara el huerto, pero solamente si quería, porque plantar el huerto no era la obligación, sino cuidar la casa, el caballo, las gallinas, el loro y el perro. Hicieron un contrato, un sueldo mensual y previsión social. Vicente consideró la mitad de todo esto el derecho natural por su trabajo, y la otra mitad un regalo del destino, porque él tenía a su novia, Anita Gato o lanita gato, como todos le decían, y con este trabajo ellos dos podrían llegar a vivir juntos dentro de poco.

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