
Por fin el viento cedió de soplar tan fuerte, y poco a poco fue suavizándose a través de las olas, no hasta la calma y la paz de una noche cálida de verano, pues recordemos que ya estaba entrado el otoño, pero sí hasta hacer navegables las aguas del gran canal que separaba la estrecha franja de continente, donde comienza nuestro relato, de la isla grande que se extiende verde y silenciosa frente a ella. El campesino vicente, solitario y pensativo, pues su mente estaba llena de palabras que él mismo decía, y de imágenes que veía, llegó a la ensenada que le llaman “la ensenada Mansilla o de los botes”, para buscar la lancha que lo llevará a la isla, cruzando este canal que le llaman “la espalda de la ballena” porque ahí sí que las olas se agitan y corcovean, y allí el viento, dueño de todo el espacio, sopla como quiere, o sea todo lo fuerte que el viento sopla en este lugar de lluvias y vientos, tormentas de mar y grandes aguas agitadas. Uno se puede imaginar lo que son las tormentas y los vientos al otro lado de la gran isla, donde no queda ya más tierra y todo es mar abierto que no se acaba, porque es el inmenso Océano Pacífico. Y en esas imaginaciones se absorbía a menudo nuestro gato.
1 comentario:
me dejaré llevar por ese viento, para pensar en tí.
marmota.
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